Una rebaja del 40 % en plena devolución de carne contaminada a China despierta preguntas que nadie responde.
Por Fabian Magallanes
Uruguay se enorgullece de su carne. No es solo un producto: es identidad, trabajo y reputación internacional. Pero ese orgullo se vio golpeado por una noticia incómoda. China devolvió contenedores de carne uruguaya al detectar presencia de fluazurón, un producto veterinario usado para controlar garrapatas en el ganado.
Cada contenedor puede transportar unas treinta toneladas de carne. Y, casi en simultáneo con la devolución, aparece un anuncio de promoción inesperada: rebaja del 40 % en el pulpón, a $389 el kilo.
¿Coincidencia? Cuesta creerlo.
El alivio que inquieta
El mensaje oficial fue claro: “aliviar el bolsillo de la gente”. Pero la oportunidad llega justo cuando el país enfrenta observaciones sanitarias desde el mayor comprador de su carne.
Nadie explicó si los lotes en oferta pertenecen a la misma cadena de producción que generó el rechazo, ni si los controles internos fueron reforzados.
El pulpón barato suena a gesto popular, pero podría esconder una estrategia más política que solidaria. En tiempos de incertidumbre, los descuentos también pueden tener sabor a descarte.
Fluazurón: lo que no se ve, pero queda
El fluazurón no se percibe en el gusto ni en el color. Se acumula en la grasa y, según especialistas, puede afectar el hígado y el equilibrio hormonal si se consume en exceso.
Si China lo rechaza, ¿por qué los uruguayos deberíamos consumirlo sin preguntar?
¿Estamos seguros de lo que llega a nuestras mesas?
Banquetes afuera, pulpón adentro
Mientras tanto, el ministro de Ganadería nuestro coterráneo Alfredo Fratti recorre el mundo: Tokio, Bruselas, Berlín, Beijing.
En el exterior, se sirven cortes bajo el sello de “la mejor carne del planeta”.
En casa, la gente recibe pulpón barato y explicaciones tardías.
La pregunta no es menor: ¿quién gana con todo esto, el pueblo o la imagen del gobierno?
Transparencia urgente
Uruguay necesita respuestas concretas:
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¿Qué cortes fueron rechazados y de qué frigoríficos provienen?
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¿Cuánta carne con exceso de fluazurón quedó en el país?
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¿Qué controles fallaron y quién se hace responsable?
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¿Qué sanciones se aplicaron, si las hubo?
Sin esa información, la confianza se enfría más rápido que un asado bajo la lluvia.
Porque lo barato puede salir caro, y el silencio todavía más.
Hay quienes viajan a vender la bandera; hay quienes se quedan en casa y pagan con su salud. Eso también es país.
En mi mesa, no habrá pulpón. Por desconfianza y por respeto a mi familia.
El Mirador Arachan Desde Cerro Largo, para todo el Uruguay